Gestión del Riesgo - Manizales

INVERSIÓN PÚBLICA

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Desde principios del siglo XX, como resultado de los incendios de los años 20, la ciudad invirtió en procesos de reconstrucción en los cuales se intentó incluir medidas de mitigación para reducir la vulnerabilidad de acuerdo con el conocimiento existente en ese momento. Desde finales del siglo XIX cuando se prohibió explícitamente la construcción en "tapia" y "adobe" por su alta vulnerabilidad sísmica, las construcciones se realizaron en "madera". En realidad eran de "bahareque de guadua", con el fin de evitar los daños de los terremotos. Así nació el "estilo temblorero" que caracterizó durante varias décadas la evolución desde el bahareque de barro, de "tabla" y metálico hasta llegar al bahareque encementado con el cual se reconstruyó la ciudad después de los incendios. Posteriormente, el uso común del concreto reforzado paulatinamente fue reemplazando las antiguas casas de bahareque, muchas de las cuales en el centro de la ciudad son hoy patrimonio histórico. Obras como la Catedral Basílica, y muchos edificios del centro como la Gobernación fueron construcciones que contaron con aporte técnico de importantes ingenieros y arquitectos, varios de ellos extranjeros, aunque la facultad de ingeniería civil desde sus inicios generó una escuela de ingenieros interesados en los temas del riesgo.


El terremoto de 1938 y posteriormente los de los años 60 generaron la necesidad de realizar las primeras rehabilitaciones e intervenciones de vulnerabilidad sísmica en edificios de concreto reforzado. El terremoto de 1979 generó la necesidad de aplicar especificaciones sismorresistentes y de esta manera nació en Manizales la primera norma sísmica del país de uso obligatorio. Muchas técnicas de reparación se ensayaron por parte de los ingenieros y posteriormente un amplio número de edificios de la ciudad han sido reforzados preventivamente, con el fin de reducir su vulnerabilidad ante los futuros terremotos. Este tipo de refuerzos han implicado importantes inversiones de diferentes instituciones públicas y privadas de la ciudad.


El crecimiento poblacional de Manizales no tuvo mayores problemas hasta mediados del siglo XX, cuando la población alcanzó los 150,000 habitantes y así se iniciaron los primeros asentamientos humanos irregulares que sufrieron deslizamientos en la parte sur del centro de la ciudad. Barrios como Marmato, La Isla, Veinte de julio y otros vecinos, presentaron desde los años 60 un grave deterioro y las primeras víctimas de grupos familiares. Durante cerca de 15 años a partir de 1965, el deterioro ambiental se hizo notable por el mal manejo de aguas y el indebido asentamiento humano que desestabilizó laderas en forma paulatina. Para entonces, no existían fuentes de recursos específicos para enfrentar este problema y se agravó la situación en la parte norte del centro de la ciudad en barrios como Estrada, Galán, Avanzada, San Ignacio, entre otros. Se trataba de un deterioro del perímetro o cinturón que rodeaba al centro urbano propiamente dicho.


Este fenómeno fue muy grave en las décadas de los años 60 y 70. Ya con una población de más de 170,000 habitantes, los deslizamientos en Manizales se propagaron hacia el occidente afectando los barrios de la Francia, vía a Santa Sofía y el Topacio, El Sacatín y la ladera de la avenida Doce de Octubre. Hacia 1973 la erosión alcanzó la Avenida Santander en el sector de los Fundadores, prácticamente en el centro de la ciudad, y se empezó a afectar la periferia oriental hacia la zona de Sancancio, Alto Fátima y la conexión con las laderas del sur cercanas a los colegios INEM y San Luis y la Universidad de Caldas. Simultáneamente hubo graves deslizamientos en los taludes de la ladera nororiental, detrás del Seminario Mayor y la Universidad Católica.


En las postrimerías de los años 70, se introdujo el concepto de obras de emergencia y también la consultoría de estabilización y manejo de aguas. En ese momento la ciudad alcanzó los 217,000 habitantes y una presión urbana hacia el oriente y norte con la incorporación de terrenos aparentemente más estables. Resultado de esta problemática surgió la Corporación Regional Autónoma para la Defensa de Manizales, Salamina y Aránzazu CRAMSA (hoy CORPOCALDAS). Salamina y Aránzazu fueron poblaciones en las cuales se presentaban fenómenos de inestabilidad de suelos similares, sin embargo la nueva corporación tuvo que enfrentar problemas de este tipo en diversas poblaciones del departamento. De esta forma la corporación se convirtió en una escuela de ingeniería geotécnica destacada a nivel internacional y realizó obras importantes de mitigación y análisis de su beneficio económico y social; cuando este tema prácticamente era inexistente en el resto de país. En este documento se presenta una descripción resumida del tipo de evaluaciones que se realizaron acerca del impacto favorable de las obras de mitigación, que sigue siendo vigente y que son un ejemplo, como pocos, del análisis de costo beneficio de la reducción del riesgo mediante obras de ingeniería y del trabajo con comunidades en los procesos de reasentamiento que fue necesario realizar en múltiples lugares de la ciudad.


Aunque en Manizales por el tipo de emergencias que ocurrieron por incendios, deslizamientos, terremotos y por las erupciones del volcán Nevado del Ruiz ya existía el Comité de Emergencias, con la creación del Sistema Nacional para la Prevención y Atención de Desastres del país se creó a finales de los años 80 la Oficina Municipal de Prevención y Atención de Desastres OMPAD. Este organismo conto con la coordinación por parte de la alcaldía, tanto de aspectos operativos como de reducción del riesgo y comenzó a impulsar inversiones tanto de la ciudad como de otras entidades del nivel municipal, departamental y nacional.


Estas inversiones se vieron reflejadas en Manizales en diferentes acciones de prevención y mitigación de riesgos desde 1979 hasta 2004, las cuales sumaron 74,849 millones de pesos que equivalen a US$ 43.13 millones de dólares a precios constantes de 1994. No es posible tener datos completos dado que los registros no siempre fueron identificados en los planes de inversión bajo la figura de gestión del riesgo e incluso aportes internacionales o nacionales importantes no han sido incluidos en estas cifras debido a que su ejecución no se registró en las cuentas locales, pues se realizaron desde fuentes de recursos externas.


De acuerdo con lo anterior, en Manizales se ha hecho una inversión anual promedio de US$ 1,725,012 en un periodo de 25 años, es decir, desde 1979 hasta 2004; equivalente a 4,313 millones de pesos de 2005. Considerando que la ciudad tenía según proyecciones 466,000 habitantes (2004), el valor per cápita de la inversión realizada en reducción de riesgos en el periodo de 1979 a 2004 correspondió a US$ 92.5 dólares ó 231,360 pesos de 2005.


Por otra parte, en el año 2009 la Unidad de Gestión del Riesgo de la ciudad, en ese entonces Oficina Municipal para la Prevención y Atención de Desastres, OMPAD y CORPOCALDAS, presentaron un proyecto al Concejo de Manizales, en el cual se aprobó aumentar la sobretasa ambiental en un 0.5 por mil con fines de Gestión Integral del Riesgo. En total el municipio realizará una inversión de $20 mil millones de pesos que serán producto de esta sobretasa ambiental y que fueron asumidos por CORPOCALDAS mediante un crédito con FINDETER; del total de estos recursos $9 mil millones fueron destinados para llevar a cabo un convenio entre dicha corporación ambiental y la Universidad Nacional de Colombia, sede Manizales, con el propósito de ejecutar 3 contratos interadministrativos que pretenden mejorar el conocimiento sobre la gestión del riesgo en la ciudad, sistemas de información, la instrumentación, monitoreo y sistemas de alerta temprana, la incorporación del riesgo en la planificación, entre otras.


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