Gestión del Riesgo - Manizales

1840 - 1899

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La fundación de la ciudad y la cultura sísmica local


La ciudad de Manizales fue fundada en 1848. El progreso del asentamiento durante los primeros 20 años fue lento, no sólo económico sino también urbano, en el cual se pasó de las construcciones temporales, que se hacían con guaduas y bahareque (construcción  de paredes de madera y/o guadua y tierra) a la tapia de tierra y tejas de barro (1856 – 1857), según la tradición de Antioquia, de hasta ochenta centímetros de gruesas, de acuerdo con las tradiciones hispanas (Robledo, 1993).


Sin embargo, la presencia de sismos constantes afectó considerablemente las viviendas de tapia. “…los temblores se sentían aquí con mayor vehemencia que en todos los demás lugares de Antioquia (…) las terribles conmociones sísmicas se repetían con frecuencia y causaban estragos en los edificios, que en esa época se hacían todos de tapias (…) el terror que causaban en la población era grande, y muchas familias de fuera que intentaban venir a establecerse aquí, se retraían de hacerlo por el temor a los terremotos”[1]. Muchas personas creían que los temblores se generaban por la actividad del volcán nevado del Ruíz que estaba muy activo.


La ciudad también se fue transformando a medida que se hacia 1864 se hicieron rellenos hidráulicos que hacían a partir de los filos de las montañas y cañadas consistían en la construcción de trinchos provisionales, para luego ir acumulando el agua que iba filtrándose y dejando capas de suelo. La tierra se compactaba y se conformaba un terraplén. Este proceso muy importante a comienzos del siglo XX.


Como una respuesta preventiva frente a los temblores, hacia 1884 las casas se fueron transformando, dejando en tapia la planta baja y de madera el segundo piso. En el temblor de 1885 se pusieron a prueba este tipo de construcciones las cuales resistieron mucho mejor y de allí en adelante se siguieron haciendo todas las casas de la misma manera. “Esto ha dado tan buenos resultados, que ya nadie se preocupa por los temblores, pues se tiene por experiencia que los edificios en tal forma son inmunes” (Crónica de José María Restrepo Amaya, 1914, archivo histórico en: Robledo, 1993).



Este hecho significó que a finales del siglo XIX y principios del siglo XX no se volviera a construir edificaciones en tapia y se impulsara un nuevo estilo constructivo basado principalmente en el bahareque de bambú y en la madera, donde además evolucionó por sus múltiples recubrimientos (metal, cemento, tabla, entre otros), y que luego sería llamado “estilo temblorero”. El desarrollo de esta tecnología propia constructiva creó una denominada “cultura sísmica local”, llamada así por sus características sismorresistentes que se mantuvieron a lo largo del tiempo.


[1] referencia realizada en: Robledo, 1993


(Fuente: Suarez, D.C., 2010; Robledo, J.E., 1993)

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